 De planta irregular y embellecida con balcones corridos. Así es la plaza Mayor de Chinchón, una joya medieval que se ha convertido en el monumento más emblemático de esta localidad madrileña. Pero Chinchón es un lugar digno de visitar incluso antes de atravesar sus "puertas".
El paisaje que nos encontramos a su entrada presenta una sucesión de gradaciones de color que, además, nos deja ver las casas asentadas en cerros, casas que crean una atmósfera parecida a la vieja leyenda. Al sur, también antes de entrar, divisaremos las ruinas de su castillo del siglo XV, incendiado en 1808 por las tropas de Napoleón.
La Torre del Reloj, restaurada en 1856; El Convento de las Clarisas, del siglo XVII; las casonas nobles con blasones y las casas solariegas con bellos patios y galerías soportadas por columnas dóricas, jónicas o toscanas son muchos de los restos de historia que llaman la atención cuando te adentras en Chinchón, un municipio que está a tan sólo 45 kilómetros de Madrid.
Pero ir a Chinchón es estar obligado a sumergirse en su Plaza Mayor, una clásica plaza medieval formada por distintas casas con soportales, balcones y ventanas, construidas en distintas épocas, una plaza que parece surgida del azar. En ella hay una conciencia artística colectiva y una estética general.
Una plaza escenario de la cultura
Esta plaza tiene una figura irregular de estructura sencilla y ordenada. Queda totalmente cerrada en 1683, abríendose los huecos en 1713 para dar paso a las procesiones. En su conjunto está soportalada y cerrada por construcciones de tres plantas, con galerías adinteladas y balcones de madera, sustentados por pies derechos con zapatas. Ha sido y sigue siendo escenario de múltiples actividades: mercado, proclamaciones, corral de comedias, juegos de cañas, actos religiosos, plató de cine... Motivo suficiente para dedicar, como mínimo, un día a este municipio madrileño. Su gran oferta hostelera te acompañará.
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