Las luces parpadean, comienza el espectáculo

Cien razones para amarte XXXIX

Esta es la trigésima novena entrega de la serie de artículos CIEN RAZONES PARA AMARTE sobre Alcalá de Henares con que nos deleita nuestro colaborador Antonio Lera sobre las cien razones que le han llevado a amar esta ciudad.

«El teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana»

Federico García Lorca

Hay pocas cosas comparables al tacto de unas entradas recién compradas, a ese olor casi imperceptible a papel y tinta que desprenden. Da igual si son para el cine o el teatro, para un concierto o un partido de fútbol. El momento en que después de esperar tu turno en la cola las recoges en la taquilla está rodeado de magia y misticismo. Y de ilusión, sobre todo de ilusión, la más hermosa y tal vez por ello frágil de las emociones humanas. Una vez se han convertido ya en una de tus posesiones más preciadas, símbolos tangibles de sensual hedonismo, los días pasan lentos esperando que llegue la hora de atravesar la puerta donde un cancerbero ujier de traje azul marino raja con brutal indiferencia el frágil boleto que tú habías guardado como un tesoro. El sonido del rasgado del papel retumba en tus oídos y sientes como se reproduce en tu corazón. Unas manos ajenas e insensibles la han despojado de su pureza, de su virginidad, de su virtud, y te la devuelven mancillada, ultrajada, inservible. Su misión ha terminado, su función de bisagra da paso a la función real, de la que es causa y motivo de existencia. Acabará haciendo montaña junto a otras tantas en una papelera arrinconada, o, si eres un romántico, en una lata carcelera de recuerdos que sólo abrimos cada vez que hacemos mudanza.

Al menos antes era así. Ahora cada vez menos. La venta online y el código QR están acabando con el ritual casi espiritual que exigía ir a la puerta de un teatro, un cine o un campo de fútbol a comprar una entrada. Aquí, en Alcalá, en el teatro salón Cervantes, aún puedes hacerlo. Sin ir más lejos yo lo hice el otro día. Nada más recibir de manos de la taquillera mis entradas para El médico de su honra de Calderón de la Barca, las acaricié con ternura y me las acerqué al rostro para olerlas. Después, con delicadeza, las guardé en un sobre blanco que previamente había comprado en un estanco cercano. Sé que si estás leyendo esto sentirás un poco de envidia, que tú también querrías experimentar esa sensación. Seguro que alguna vez la has experimentado, pero no le habías prestado atención. Prueba, estás a tiempo, no hay mejor momento que este. El Festival de Teatro Clásicos en Alcalá ha vuelto. No hay excusa, no la hay durante todo el año para ver teatro en Alcalá de Henares, pero ahora menos. Cómicos y titiriteros se reúnen durante un mes en nuestra ciudad para llenar la escena con sus voces, para ocupar las tablas con sus gestos, para colmar la sala de muecas y aspavientos. La función comenzará y lloraremos con una tragedia de Calderón o reiremos con una comedia de Lope, pero nunca nos quedaremos impasibles, no podremos ser insensibles al embrujo de las actrices y actores que desgarran su alma entera en cada frase, en cada rima, en cada expresión de sus rostros, con mil lágrimas o con una carcajada. ¿Te lo vas a perder? ¿A qué estás esperando? Ve a comprar tu entrada y regálate dos horas de pura magia y fantasía.

CLASICOS EN ALCALA 2021

Llegó el día. El carcelero ujier de traje azul marino ya ha ultrajado tu entrada y un acomodador, de los que ya no viven de las propinas, te ha mostrado tu butaca. Te sentarás en la platea del Teatro Salón Cervantes para ver El perro del hortelano, o en un palco del Corral de Comedias para escuchar a Charo López recitar poemas de Lorca, Machado, Miguel Hernández o Santa Teresa de Jesús… Légolas le contarán un clásico a tus peques en el Centro Cultural Gilitos o disfrutarás del maravilloso mundo del circo en la Huerta del Obispo del Palacio Arzobispal. La función está a punto de empezar y manoseas nervioso el programa que apenas has ojeado porque vaya por Dios, te has dejado las gafas de leer en casa. Una voz intimidatoriamente grave pedirá a los asistentes que apaguen los móviles, y por suerte, de momento, esto es algo serio, hablamos de teatro, no tendrás que preocuparte porque en la fila de atrás alguien haga ruido mascando palomitas o sorbiendo un refresco. Las luces se ahogarán en una expectante penumbra y el telón se alzará mostrando un escenario que cobra vida de nuevo. Llegó la hora de viajar a otros lugares, a otras épocas, donde todo es posible y a veces los sueños se convierten en realidad. Donde el amor hace cometer locuras, los celos no hacen prisioneros y la venganza tiñe su capa de sangre. Como la vida misma. La única diferencia es el attrezzo. Porque eso es lo que hacen los grandes dramaturgos, convertir la realidad en literatura.

No recuerdo la primera vez que fui al teatro. Posiblemente en alguna excursión del colegio. Sin embargo, sin saberlo, siempre tuve un nexo muy especial con el arte al que inspira la musa Talía. No fue hasta siendo ya un adulto que descubrí que mi padrino de bautizo fue Félix Navarro, un actor con el que mi padre compartió tablas cuando de joven formó parte como figurante en la compañía del Teatro Español. Conocerle me marcó de una manera muy especial. Verle actuar en un Tenorio, un Cyrano o un Don Mendo y escuchar sus historias y anécdotas desde los momentos que compartió con Lorca formando parte de La Barraca a los que pasaba con Buero Vallejo y Miguel Mihura tomando vinos en el Café Gijón es comparable a muy pocas cosas que me hayan pasado en la vida. Fue él quien despertó mi amor por el teatro. Hace ya casi 20 años que nos dejó, pero, aunque no le traté todo lo que me hubiera gustado, a menudo aparece en mis recuerdos, sobre todo cuando se acerca un nuevo Clásicos en Alcalá. Y esa, volver a traerme a la memoria a ese hombre de cuerpo pequeño que sobre un escenario se trasformaba en un gigante, es sin duda una de las razones que con más fuerza palpitan en mi corazón cuando pienso en los motivos por los que amo esta ciudad.

“En una pequeña o gran ciudad o pueblo, un gran teatro es el signo visible de la cultura»

Laurence Olivier

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