Defensor de la guerra justa

Juan de Ginés Sepúlveda estudió en Córdoba y Alcalá de Henares, completando su formación académica en Bolonia. Su interés por Aristóteles le llevó a traducir dos de sus obras.

Pasó como consejero al servicio del cardenal Cayetano, colaborando en la elaboración del ‘Nuevo Testamento’. Su papel contrario a las reformas eclesiásticas le llevó a combatir el pensamiento de Erasmo de Roterdam y a refutar a Lutero, defendiendo a Catalina de Aragón frente a Enrique VIII. En 1535 fue nombrado capellán por Carlos I e inicio su defensa del derecho de los pueblos civilizados a someter por las armas a los salvajes.

Contrario al espíritu de las ‘Leyes Nuevas’ consiguió que las revocaran en 1542, lo que motivó la llegada a España de Las Casas. Desde ese momento se inició una guerra dialéctica entre Sepúlveda -con la publicación de ‘De justis belli causis apud indios’- y Las Casas -publicando ‘Treinta proposiciones muy jurídicas’- que condujo a la celebración de una reunión de teólogos en Valladolid entre los meses de agosto y septiembre de 1550 con el objetivo de solucionar la disputa.

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En la reunión participaron Domingo de Soto, Bartolomé Carranza y Melchor Cano, sustituido posteriormente por Pedro de La Gasca. Sepúlveda defendió sus ideas de guerra justa contra los indios a causa de sus pecados e idolatrías, por su inferioridad cultural y para evitar guerras entre ellos, argumentos a los que ya se había opuesto Francisco de Vitoria.

No hubo resolución final y cada uno de los contrincantes se consideró vencedor. Sepúlveda abandonó la vida pública para retirarse a su pueblo natal donde falleció.